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Venus Kintsugi: la historia detrás de mi pastel para Mexipan 2026

21 ago
5 min de lectura

Hay pasteles que empiezan con un sabor, otros empiezan con una celebración. Venus Kintsugi empezó con una idea que llevaba mucho más tiempo habitándome: ¿qué pasa cuando dejamos de intentar esconder las partes de nuestra historia que se rompieron?

Para Mexipan 2026 quise convertir esa pregunta en una obra de pastelería artística. Así nació Venus Kintsugi: una reinterpretación contemporánea inspirada en El nacimiento de Venus de Sandro Botticelli y en la filosofía japonesa del kintsugi.

Dos universos aparentemente lejanos que, para mí, hablaban exactamente de lo mismo: nacimiento, transformación y belleza después de la ruptura.


1. El origen de Venus Kintsugi


La pieza nació para el Concurso Creativos Fondant de Mexipan 2026, dentro de la categoría Obras Maestras de la Pintura y la Escultura.

Desde el principio no quería limitarme a reproducir una obra conocida en azúcar. Quería tomar una imagen histórica y atravesarla con una historia contemporánea.


El concepto que presenté unía El nacimiento de Venus con el kintsugi: las grietas doradas representarían transformación, resiliencia, ruptura, pérdida y reconstrucción.

La herida no como algo que debía desaparecer de la pieza, sino como parte de su lenguaje visual.

De ahí apareció una especie de museo de las heridas: una obra de cake art construida en distintos niveles, con Venus como centro y con pequeños símbolos, referencias pictóricas, flores, perlas, conchas, telas y fracturas doradas contando una historia alrededor de ella.


2. Por qué elegí El nacimiento de Venus


Siempre me interesó Venus no solamente como representación de belleza, sino como imagen de nacimiento. En la pintura de Botticelli, Venus aparece llegando: emerge del mar sobre una concha y entra al mundo.

Para Venus Kintsugi esa imagen se convirtió en el punto de partida perfecto.

La concha permaneció como una referencia reconocible al origen simbólico de Venus, pero alrededor de ella construí mi propio universo: tonos aqua, verde menta, rosa, crema y oro; marcos con pequeñas obras, relieves, flores, perlas, conchas, estrellas de mar, telas esculpidas y una puerta referenciando mis inicios.

No quería hacer una copia comestible de Botticelli. Quería preguntarme qué significaría que esa Venus naciera hoy. Y, sobre todo, qué significaría que llegara al mundo después de haberse reconstruido.


3. Por qué incorporé el concepto del kintsugi


El kintsugi parte de una idea que me parece profundamente poderosa: cuando un objeto se rompe, su reparación no tiene por qué fingir que la fractura nunca existió. Las líneas de la reparación pueden permanecer visibles y formar parte de su nueva historia.


Ese concepto cambió por completo la lectura de Venus. Ya no era solamente una figura asociada a la belleza. Era una Venus reconstruida.

Las grietas doradas dejaban de ser imperfecciones y se convertían en evidencia de transformación.

Ahí encontré el corazón de la obra: las cicatrices no tenían que competir con la belleza. Podían ser parte de ella.


4. Del boceto al pastel


Primero existió como propuesta y boceto. Después comenzó la traducción de esa idea a volumen, estructura y azúcar.

La composición fue creciendo en varios niveles. El nivel superior se planteó suspendido mediante una varilla central de acero y una base oculta; el soporte se integró visualmente entre flores, hojas, perlas y telas. Aparecieron conchas comestibles, cadenas de perlas, cabello modelado en pasta de azúcar y pequeñas piezas pictóricas.

Cuando empecé a construir el pastel, no tenía muy claro cómo le haría para trasladar mi idea a materia, pero sobre todo subirla a un avión desde Monterrey a CDMX... esa era parte del reto y, a la vez, una limitante en desarrollo creativo que tal vez la mayoría de los participantes no tenían.

Alrededor de 4 semanas estuve trabajando en la pieza muy lentamente para tener la certeza de que llegaría con bien a su destino.

La técnica que disfruté más fue el piso superior con relieve 3D en fondant modelado a mano, pieza a pieza, recreando la pintura original lo más detallada posible, que, de hecho, esa parte fue mi favorita, porque fue el momento en que sentí que Venus Kintsugi finalmente había cobrado vida. Para después, desarmar todo y empacarlo en una caja y documentarlo en un avión.


5. La experiencia de Mexipan 2026


Venus Kintsugi dejó de ser un proyecto dentro de mi espacio de trabajo cuando llegó el momento de presentarla en Mexipan 2026.

Hubo algo que para mí ya representaba una victoria personal: estar ahí y presentarme con mi obra. Mi primer concurso nacional, viajando sola y sin ayuda, llegar ahí y ver mi pieza montada en la mesa 38, se sintió como uno de mis más grandes logros hasta el momento. De pronto me di cuenta que estaba entre los 50 mejores seleccionados de artistas del Fondant, mi corazón quedó muy satisfecho.


6. Fotografías y detalles de la obra


Esta sección quiero dejarla respirar visualmente.


Venus Kintsugi, obra de pastelería artística inspirada en El nacimiento de Venus de Botticelli y el kintsugi, presentada en Mexipan 2026

7. Lo que Venus Kintsugi terminó significando para mí


Hay una diferencia entre diseñar una obra alrededor de una idea y descubrir, después de hacerla, cuánto de ti había dentro de esa idea.

Después de todo el recorrido hacia Mexipan, logré entender algo.


Mi versión antigua de pastelera vivía entre pedidos, entregas y fechas límite.

Ser pastelera siempre había significado producir, cumplir, vender y resolver.

Y cuando cerré ese capítulo, en ese momento estaba convencida de que también estaba cerrando mi identidad como pastelera.

Pero terminar Venus Kintsugi me hizo entender que esa parte de mí nunca desapareció.

Solo necesitaba transformarse.

Volver a presentarme como pastelera, sí... pero esta vez también como artista, fue muy diferente.


Esta vez nadie me estaba diciendo qué colores usar, qué personaje modelar o para qué fecha tenía que entregar. No había un cliente esperando su pastel.

La obra era mía. La idea era mía. Y lo que quería decir con ella también.

Y creo que eso cambió mi manera de mirar mi trabajo creativo.


En esta competencia tuve que preguntarme algo completamente distinto:

¿Qué quiero decir como artista?

Y Venus Kintsugi terminó respondiéndome.

Porque, de alguna manera, ella también habla de mí.

De algo que se rompió, de una etapa que terminó y de la posibilidad de reconstruirte sin intentar esconder las grietas. De no regresar a ser exactamente quien eras antes, sino convertir todo lo vivido en parte de una nueva versión.


Por eso creo que Mexipan no significó simplemente:

“Volví a hacer pasteles”.

Significó reconciliarme con la pastelera que fui y conocer a la artista que puedo ser ahora.

Y quizá ese fue mi verdadero premio.

No demostrar que todavía podía hacer un pastel.

Sino descubrir que, después de todo lo que ha cambiado mi vida...

mis manos todavía saben crear, pero ahora tienen algo nuevo que decir.


Venus Kintsugi nació como una pieza para una competencia de pastelería, pero su lenguaje siempre habló de algo más amplio: de aquello que se rompe y no vuelve a ser exactamente igual; de la posibilidad de construir una forma nueva sin borrar la anterior; de entender que una segunda oportunidad no consiste necesariamente en regresar al punto de partida.


Tal vez reconstruirse sea precisamente eso: no intentar parecer intactos.


Crear también puede ser una forma de reparar. Tomar una grieta, mirarla de frente y decidir que no será el final de la pieza. Que puede convertirse en línea, textura, memoria. Incluso en oro.

Nacer una vez es biología. Volver a nacer, después de todo lo vivido, también puede ser arte.

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